Caterina Biondi es una top y los “trapos” que viste se
lucen como si estuvieran pintados sobre esa generosa anatomía que
Dios le dio. La calle se convierte en su pasarela y es por eso que
siempre hay alguna mujer que, venciendo esa vergüenza tan nuestra,
la detiene para preguntarle dónde compra su ropa. Caterina se mete
la mano al bolsillo y le entrega una de sus tarjetas. Ella es su
propia diseñadora y su ropa nada que ver con los buzos y vestidos
anchos que suelen llevar las gorditas para tapar los rollos.
Caterina es gordita, pero una gordita fashion que al
verse víctima de la tiranía de los grandes almacenes y marcas que no
piensan en vestir a mujeres como ella, se convirtió en una de las
pocas confeccionistas de ropa para chicas que, a pesar de los
kilitos de más, quieren verse coquetas, sexys y modernas.
“Cuando empecé a engordar, me encontré con que no
había ropa para mí, y lo que había en el mercado no me gustaba. Aún
permanece esa idea de que porque eres gorda te tienes que plantar
una cortina estampada. Así no es”.
Para superar esta realidad, Caterina creó, hace un par
de años, su propia marca de ropa, Caterina’s, y ahora cuenta con una
importante cartera de clientas a las que de tanto en tanto les
ofrece un show room muy especial en el que muestra su colección
Prêt-à-Porter (listo para usar) para gorditas, con diseños modernos
y tendencias antes exclusivas de las “flacas”.
“Hay que verse guapa siempre”
Las creaciones de Caterina apuntan a mujeres de
25 años en adelante, jóvenes ejecutivas o universitarias que hacen a
un lado los prejuicios del sobrepeso y buscan la ropa moderna para
el día a día.
“Esa es la ropa que hago, con toques coquetones y
actuales. La moda no excluye a las gorditas y estas no deben usar
estampados enormes y desagradables, ni resignarse a solo taparse”,
dice la confeccionista.
Para la elaboración de su catálogo de temporada,
Caterina no desecha nada y, para inspirarse, suele revisar cada día
las páginas web de las grandes marcas internacionales y de las
tiendas más importantes.
Jeans, algunas transparencias, vestidos de fiesta, de
cóctel, modernos sastres, blazers en denim, blusas en popelina
bordada y manga tipo smoking, faldas y pantalones cargo.
Según Caterina no hay nada negado para las gordas, ni
siquiera la sensualidad de algunos diseños. “Hay blusas con
transparencias y algo ceñidas que a veces se me quedan, pero yo me
las pongo y, al verme, mis clientas se atreven”, dice.
Para esta temporada otoño-invierno 2005, Caterina
propone su sumario de chompas bordadas a mano, twin set’s, sacos en
corte militar que se pueden combinar con chompitas no muy gruesas, y
con algún jean o pantalón de vestir. “Las casacas de jean también
las confecciono y las gorditas pueden dejar de comprar las casacas
de hombre, que eran su única opción”.
Caterina no estudió diseño pero es ella la que se
encarga de hacer los patrones de sus modelos y luego las costureras
los hacen realidad.
“Pongo especial cuidado a las telas que elijo. Por
ejemplo, la mayor parte de prendas se deben trabajar en stretch para
que sean más versátiles, no rígidas. Las gorditas solemos tener
problemas de piel y debemos usar tela más fina, como la popelina de
algodón”.
“¿Por qué las grandes marcas no atienden a las
gorditas? Pues por los costos. Para trabajar un jean o una blusa se
requiere de doble tiraje en cuanto tela y eso ya aumenta los costos
y entonces para ellos ya no es negocio. Para mí si lo es, y
cubriendo mis costos me gano un porcentaje aceptable y sin vender
caro”, dice.
La moda es una sola
Tito Reyes, propietario de la tienda “más pituca y
exclusiva para gorditas”, dice que no hay moda para gordas, pues la
moda es una sola y se adapta para las mujeres de peso.
“Cuando un modisto famoso lanza sus figurines, en sus
catálogos hay versiones en tallas grandes”, expresa Tito, quien
junto a su fallecida esposa, la actriz Noemí del Castillo, inauguró
hace ocho años la que sería una de las primeras tiendas para
gorditas.
“Tuvimos primero una tienda en San Isidro y luego en
Chacarilla, pero al fallecer Noemí me quedé solo con la de
Chacarilla. Aquí vienen por lo general señoras mayores que siempre
se identificaron con mi esposa y les gustaba cómo se vestía”.
En el aparador de la boutique de Tito se lucen
elegantes diseños elegantes, trajes de fiesta y accesorios modernos.
Apoyado por dos de sus “modelos” exclusivas –como todo lo suyo–,
Tito nos produce un desfile de modas digno de la pasarela más in del
planeta.
Primero, un vestido turquesa en dos piezas para una
tarde en una recepción elegante. Le sigue un conjunto, blusa y
pantalón, en tonos marrones y confeccionados en gasa Georgette y
seda Brocatto.
No hay colores oscuros, todos son muy vivos ya que
Tito dice haberle quitado a sus clientas la idea que se tiene que
vestir siempre de negro.
“Muchas le tienen miedo al rojo y no debe ser así. En
el verano vendí mucho color. Además ahora le estoy poniendo a cada
vestido flores hechas con las mismas telas y queda sensacional.
Ahora, si viene una señora a pedirme un vestido de fiesta bien sexy,
pues conmigo no se viste. Yo no vendo sexy, no puedo”.
Las lycras están proscritas también en los trajes que
ofrece Tito Reyes, y tampoco vende cosas apretadas. Él dice que hay
gordas que se quieren ajustar porque se creen flacas, y otras que
quieren cosas muy flojas, pero que, en su opinión, ninguno de los
extremos son buenos, y el punto correcto es vestirse como una flaca,
con un buen corte, que no esté ceñido, pero tampoco flojo.
“Yo no cubro a las gordas, yo las visto con glamour”,
sentencia Tito y confiesa que si bien apareció como una tienda cara,
ahora ya no lo es tanto, aunque sí mantiene –lo dice por enésima
vez– la exclusividad.
A pesar de que Caterina y Tito tienen rubros
diferentes de compradoras, en algo en que coinciden es que a ambos
les tiene sin cuidado que los grandes almacenes empiecen a mirar con
otros ojos a las gorditas, ya que están seguros de mantener a sus
clientas cautivas y contentas. Reventando de
felicidad.