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 | "¿Cansada de la misma
ropa aburrida de siempre? ¿Quieres ser coqueta y
audaz?". Caterina Biondi, harta del ostracismo
con el que la moda condena el sobrepeso, dijo sí
a esas preguntas y empezó a hacer su propia
ropa. Ahora tiene una tienda y clientas no le
faltan. Conózcala en
www.caterinasizeplus.com
"Empecé trabajando como secretaria -solo
dos meses- en Interbank. Ahí mismo hice una
carrera de diez años, siempre vinculada al tema
de comercio exterior. Después trabajé en otros
bancos y en empresas privadas hasta 2001. El
tema de las telas sí me pasaba por la cabeza,
pero nunca lo vi como un trabajo. Yo era la
típica chica trapera", nos cuenta Caterina
Biondi. Estamos en su boutique.
Al margen de su trabajo, siempre
estaría atenta a las tendencias.
Como mis hermanos viven afuera, yo
tenía la ventaja de que me mandaran revistas con
modelos que yo adecuaba. Por otra parte, yo
siempre me fijaba en cómo se vestía la mujer
limeña. Antes, la gente se iba regia a un shower
o al teatro. Pero en el primer gobierno de Alan
García comenzó la abstinencia. El glamour quedó
al costado. Lo que yo pensaba, sin embargo, era
que una puede ser glamourosa sin gastar tanto,
porque en la sencillez también está la
elegancia. Yo misma ya tenía una hija; entonces,
antes de gastar un montón de plata en un traje,
primero pensaba en las necesidades de ella.
¿Y cómo se vestía
usted? Yo tenía el clásico problema:
iba al centro comercial, 'oye, qué bonito esto'.
'No, no hay talla para ti'. Estaba como en la
propaganda, '¿la puedo ayudar? No, estoy
viendo'. Entonces, lo que hacía era ver los
detalles que me gustaban, llegar a mi casa,
dibujarlos y, luego, ir donde alguna de las
costureras que han trabajado para mí a lo largo
de los años para que los hicieran.
¿Cuándo se mandó con el negocio
propio? Yo les decía a mis amigas
que algún día iba a tener mi marca de ropa 'king
size' -siempre he sido palomilla-. Les decía que
me iban a ver modelando en las pasarelas. Pero
yo lo tomaba a manera de broma. Hasta que, en
2001, mi vida dio un giro total. Mi esposo y yo
nos íbamos a ir al extranjero a trabajar.
Vendimos todo, dejamos nuestros trabajos, etc.
Y, a punto de irnos, mi papá se enfermó. Ni
hablar. Soy la única hija mujer y mi papá... No
podía irme. Y después todo se complicó. Los
ahorros se nos acababan. Teníamos que hacer
algo. Entonces, le recordé a mi esposo que
quería poner un negocio de ropa para gorditas.
¿Y él qué
dijo? Estaba muy escéptico. Pero
comenzamos en el 2002, con un capital de cinco
mil dólares -que para mí era un montón-. Me
gasté en publicidad como tres mil. Y eran 70
prendas y unas cuantas cositas (ríe). Y, de
pronto, comenzaron a venir las clientas.
¿Por qué cree que
funcionó? Yo ofrezco una alternativa
diferente. Además, vendemos de una manera
distinta; nos lanzamos a difundir nuestro
trabajo por Internet, por correo. Y mi discurso
resultó atractivo. Decía: 'Si estás cansada de
no encontrar ropa...' . Y funcionó. Poco a poco
comencé a hacerme conocida. Era una gordita
atendiendo a otras gorditas.
¿Cómo las abordaba?
Yo conversaba con ellas sobre
nuestras necesidades. Lo mío no es 'por fin hay
ropa para gordas, ¡seamos gordas!'. No. Ni
tampoco se trata de que nos pongan cualquier
cosa encima porque somos gordas. Hay gente que
cree que vestirnos con cosas chillonas basta.
No. Yo, como mujer, me siento igual de sexy que
una flaca. De eso se trata: de adaptar la moda a
mis prendas y recoger siempre las opiniones de
mis clientas. El tema es que tampoco lo que les
queda a las flacas les queda a las gorditas -por
ejemplo, una tela estampada atigrada ajustada-.
Eso lo fui aprendiendo con el tiempo.
Es todo un tema el sobrepeso,
¿no? Sí. Acá la gente no tiene
educación. Lo primero que le dicen a una es eso.
Una vez fui a un reencuentro de la promoción de
mi colegio. Yo fui la reina de mi colegio -era
chica top, regia; además, era fondista-. Y,
cuando llegamos, uno de los chicos al cual yo le
gustaba preguntaba por mí. Le decían, 'allá
está, allá está'. '¿Dónde, dónde?'. 'Allá'. 'No.
Ahí hay una gorda'. Y, claro, lo primero que le
dicen a una es: '¡¿Qué te pasó, si eras
regia?!'. 'Bueno, yo sigo siendo regia'. Al
final, el chico se disculpó.
¿Por qué subió de
peso? Mil cosas, tratamientos
hormonales para salir embarazada, luego pasar a
subir y bajar sin control, etc. Les pasa a casi
todas mis clientas. He visitado a todos los
médicos, nutricionistas, y hasta chamanes, y
ninguno me dio resultado -con todo lo que gasté
podría haber comprado un carro-. No he recurrido
a la cirugía porque he visto un par de amigas
quedarse 'en mesa'.
La ropa de las tiendas solo les
queda bien a las flacas, ¿no? No
solo es para flacas sino para flacas anoréxicas.
Y todas quieren verse igual de flacas que las
que salen en la televisión. Yo nunca encontré,
por ejemplo, ropa interior para arriba, porque
soy una persona de amplia...
Generosa. Digamos. El
cuerpo de la limeña es más tipo guitarrita o
pera, ancha de caderas. Una tiene que aceptarse
mientras o baja o se decide a ser así. En
cuestión de salud, el sobrepeso sí hay que
tenerlo en cuenta pero, por lo demás, ser
gordita no es grave en sí mismo. Una puede ser
bonita, sexy, todo.
En su página web, usted es su
propia modelo, ¿no? Claro. Soy mil
oficios.
¿Le preocupa el tema del
sobrepeso con su hija? No me
preocupa. No lo digo porque sea mi hija, pero es
una chica regia. No soy como esas mamás
obsesionadas con el tema. Lo que me preocupa es
la comida chatarra, porque le salen granitos.
Cuénteme de sus clientas.
Hay todo tipo de gorditas: desde
las más superadas que yo, que son coquetas y
transpiran sensualidad, hasta las que se ocultan
detrás del color negro. Están las serias, tipo
oficina. Vienen desde los 20 años para arriba y
tengo algunas señoritas de base ocho
superdinámicas. Lo que me ha encantado es ver
clientas que vinieron derrotadas y que, de
pronto, mostraron un cambio de actitud con mi
ropa. Y es bonito eso, que las clientas se
sientan mejor. |
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| AUTOFICHA
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| n Nací en Lima, el 26 de marzo
de 1966, en el Hospital Militar. Tengo tres
hermanos -que viven fuera del Perú hace tiempo-.
No hice el servicio militar porque mi papá no me
dejó; tampoco quiso que fuera bombero. Repetí dos
años en la secundaria, era relajada y me dedicaba
mucho al deporte. Estudié secretariado ejecutivo
bilingüe, después en ADEX y, luego, llevé cursos
en IPAE. Hice carrera en Interbank hasta el 97.
Hasta 2001 estuve vinculada a comercio exterior.
Tengo una hija, que ha sido criada por mi segundo
esposo. | |
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