Sábado, 19 de Mayo de 2007
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Caterina Biondi: Como mujer, yo me siento igual de sexy que una flaca
"¿Cansada de la misma ropa aburrida de siempre? ¿Quieres ser coqueta y audaz?". Caterina Biondi, harta del ostracismo con el que la moda condena el sobrepeso, dijo sí a esas preguntas y empezó a hacer su propia ropa. Ahora tiene una tienda y clientas no le faltan. Conózcala en www.caterinasizeplus.com

"Empecé trabajando como secretaria -solo dos meses- en Interbank. Ahí mismo hice una carrera de diez años, siempre vinculada al tema de comercio exterior. Después trabajé en otros bancos y en empresas privadas hasta 2001. El tema de las telas sí me pasaba por la cabeza, pero nunca lo vi como un trabajo. Yo era la típica chica trapera", nos cuenta Caterina Biondi. Estamos en su boutique.

Al margen de su trabajo, siempre estaría atenta a las tendencias.
Como mis hermanos viven afuera, yo tenía la ventaja de que me mandaran revistas con modelos que yo adecuaba. Por otra parte, yo siempre me fijaba en cómo se vestía la mujer limeña. Antes, la gente se iba regia a un shower o al teatro. Pero en el primer gobierno de Alan García comenzó la abstinencia. El glamour quedó al costado. Lo que yo pensaba, sin embargo, era que una puede ser glamourosa sin gastar tanto, porque en la sencillez también está la elegancia. Yo misma ya tenía una hija; entonces, antes de gastar un montón de plata en un traje, primero pensaba en las necesidades de ella.

¿Y cómo se vestía usted?
Yo tenía el clásico problema: iba al centro comercial, 'oye, qué bonito esto'. 'No, no hay talla para ti'. Estaba como en la propaganda, '¿la puedo ayudar? No, estoy viendo'. Entonces, lo que hacía era ver los detalles que me gustaban, llegar a mi casa, dibujarlos y, luego, ir donde alguna de las costureras que han trabajado para mí a lo largo de los años para que los hicieran.

¿Cuándo se mandó con el negocio propio?
Yo les decía a mis amigas que algún día iba a tener mi marca de ropa 'king size' -siempre he sido palomilla-. Les decía que me iban a ver modelando en las pasarelas. Pero yo lo tomaba a manera de broma. Hasta que, en 2001, mi vida dio un giro total. Mi esposo y yo nos íbamos a ir al extranjero a trabajar. Vendimos todo, dejamos nuestros trabajos, etc. Y, a punto de irnos, mi papá se enfermó. Ni hablar. Soy la única hija mujer y mi papá... No podía irme. Y después todo se complicó. Los ahorros se nos acababan. Teníamos que hacer algo. Entonces, le recordé a mi esposo que quería poner un negocio de ropa para gorditas.

¿Y él qué dijo?
Estaba muy escéptico. Pero comenzamos en el 2002, con un capital de cinco mil dólares -que para mí era un montón-. Me gasté en publicidad como tres mil. Y eran 70 prendas y unas cuantas cositas (ríe). Y, de pronto, comenzaron a venir las clientas.

¿Por qué cree que funcionó?
Yo ofrezco una alternativa diferente. Además, vendemos de una manera distinta; nos lanzamos a difundir nuestro trabajo por Internet, por correo. Y mi discurso resultó atractivo. Decía: 'Si estás cansada de no encontrar ropa...' . Y funcionó. Poco a poco comencé a hacerme conocida. Era una gordita atendiendo a otras gorditas.

¿Cómo las abordaba?
Yo conversaba con ellas sobre nuestras necesidades. Lo mío no es 'por fin hay ropa para gordas, ¡seamos gordas!'. No. Ni tampoco se trata de que nos pongan cualquier cosa encima porque somos gordas. Hay gente que cree que vestirnos con cosas chillonas basta. No. Yo, como mujer, me siento igual de sexy que una flaca. De eso se trata: de adaptar la moda a mis prendas y recoger siempre las opiniones de mis clientas. El tema es que tampoco lo que les queda a las flacas les queda a las gorditas -por ejemplo, una tela estampada atigrada ajustada-. Eso lo fui aprendiendo con el tiempo.

Es todo un tema el sobrepeso, ¿no?
Sí. Acá la gente no tiene educación. Lo primero que le dicen a una es eso. Una vez fui a un reencuentro de la promoción de mi colegio. Yo fui la reina de mi colegio -era chica top, regia; además, era fondista-. Y, cuando llegamos, uno de los chicos al cual yo le gustaba preguntaba por mí. Le decían, 'allá está, allá está'. '¿Dónde, dónde?'. 'Allá'. 'No. Ahí hay una gorda'. Y, claro, lo primero que le dicen a una es: '¡¿Qué te pasó, si eras regia?!'. 'Bueno, yo sigo siendo regia'. Al final, el chico se disculpó.

¿Por qué subió de peso?
Mil cosas, tratamientos hormonales para salir embarazada, luego pasar a subir y bajar sin control, etc. Les pasa a casi todas mis clientas. He visitado a todos los médicos, nutricionistas, y hasta chamanes, y ninguno me dio resultado -con todo lo que gasté podría haber comprado un carro-. No he recurrido a la cirugía porque he visto un par de amigas quedarse 'en mesa'.

La ropa de las tiendas solo les queda bien a las flacas, ¿no?
No solo es para flacas sino para flacas anoréxicas. Y todas quieren verse igual de flacas que las que salen en la televisión. Yo nunca encontré, por ejemplo, ropa interior para arriba, porque soy una persona de amplia...

Generosa.
Digamos. El cuerpo de la limeña es más tipo guitarrita o pera, ancha de caderas. Una tiene que aceptarse mientras o baja o se decide a ser así. En cuestión de salud, el sobrepeso sí hay que tenerlo en cuenta pero, por lo demás, ser gordita no es grave en sí mismo. Una puede ser bonita, sexy, todo.

En su página web, usted es su propia modelo, ¿no?
Claro. Soy mil oficios.

¿Le preocupa el tema del sobrepeso con su hija?
No me preocupa. No lo digo porque sea mi hija, pero es una chica regia. No soy como esas mamás obsesionadas con el tema. Lo que me preocupa es la comida chatarra, porque le salen granitos.

Cuénteme de sus clientas.
Hay todo tipo de gorditas: desde las más superadas que yo, que son coquetas y transpiran sensualidad, hasta las que se ocultan detrás del color negro. Están las serias, tipo oficina. Vienen desde los 20 años para arriba y tengo algunas señoritas de base ocho superdinámicas. Lo que me ha encantado es ver clientas que vinieron derrotadas y que, de pronto, mostraron un cambio de actitud con mi ropa. Y es bonito eso, que las clientas se sientan mejor.

 

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AUTOFICHA
n Nací en Lima, el 26 de marzo de 1966, en el Hospital Militar. Tengo tres hermanos -que viven fuera del Perú hace tiempo-. No hice el servicio militar porque mi papá no me dejó; tampoco quiso que fuera bombero. Repetí dos años en la secundaria, era relajada y me dedicaba mucho al deporte. Estudié secretariado ejecutivo bilingüe, después en ADEX y, luego, llevé cursos en IPAE. Hice carrera en Interbank hasta el 97. Hasta 2001 estuve vinculada a comercio exterior. Tengo una hija, que ha sido criada por mi segundo esposo.
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